¿Cuán internacionales son sus sueños?

Felipe Candiota, Regional Hotel Inspector de Condé Nast Johansens Guide, ofrece algunos consejos prácticos sobre cómo evitar que un viaje de ensueño de un viajero independiente se arruine.

Traducción a 35 000 pies: el mundo de los menús de las aerolíneas

Tim Altanero, profesor de idioma extranjero, nos acerca a este mundo maravilloso y a sus no siempre tan maravillosas descripciones culinarias.

Brindes ao redor do mundo
John Freivalds

Aprenda cómo “localizar” su brindis la próxima vez que viaje al extranjero

 

La costumbre de brindar empezó en la Antigua Grecia en el siglo VI a. C. o, al menos, ellos fueron los primeros en documentarlo. El ritual era una manera que el anfitrión tenía de asegurarles a sus invitados que la bebida alcohólica (el lubricante social) no estaba envenenado. El invitado bebía de la misma copa que el anfitrión. A veces, los antiguos romanos agregaban pan quemado para disminuir el vino de calidad a fin de reducir su acidez y aumentar el buen sabor. El término en latín “tostus”, que significa tostado o seco, se convirtió en un sinónimo del trago. Mucho tiempo después, Falstaff dijo “ponle pan tostado” cuando pedía un jarro de vino en Las alegres comadres de Windsor de Shakespeare.

Y aquí estamos. Este ritual, a veces simple y a veces elaborado, que vemos en todas partes, desde bares deportivos hasta recepciones de boda y cenas presidenciales, tiene sus orígenes en una costumbre desarrollada para demostrar a los invitados que uno no quería envenenarlos con vino de mal sabor.

¿Alguna vez se ha preguntado por qué chocamos las copas o los jarros luego de un brindis? Esto también tiene sus orígenes en los griegos y su intención de demostrar que el líquido no estaba envenenado. El anfitrión vertía parte del vino de su invitado en su propia copa y lo bebía. Si el invitado le confiaba la vida a su anfitrión, chocaba su jarro con el del anfitrión para demostrarle su fe en que no iba a ser envenenado. Chocar las copas completa el ciclo de los sentidos que involucra el beber: gusto, olfato, tacto, vista y oído. El aspecto sonoro de chocar las copas durante un brindis se tornó cada vez más importante. Con el paso de los años, el vidrio veneciano comenzó a remplazar los vasos de cerámica y los contenedores de metal. Para mejorar el sonido, se le agregó óxido de plomo al vidrio para mejorar su timbre, que es más notable en el cristal irlandés. Algunos vidrios se fabricaban de tal manera que podían sonar con un tono particular, como un fa o un sol sostenido. Por eso, las palabras “chin chin” en muchos brindis europeos tienen el propósito de imitar el sonido del choque de copas.

Beber y brindar se convirtieron en un evento alegre y común que se practica en casi todas las culturas de la tierra. Un buen brindis puede hacer que un momento simple sea especial como pocas cosas en la vida. Y cualquiera puede tener este amable gesto. Lo único que se necesita es un poco de reflexión, práctica y familiaridad con algunas normas de etiqueta y protocolo. Fue con esto en mente que creamos la Tabla periódica de los brindis (Periodic Table of Toasts©), que se puede comprar en el sitio web de www.jfamarketing.com. Esta tabla es una guía para ayudarle a brindar en 35 países. Allí encontrará el nombre del país, el nombre de la bebida nacional y el término más usado para brindar.

   
La Tabla periódica de los brindis es una guía sobre los brindis y las bebidas de 35 países


El tercer lugar

Los brindis son costumbres que se comparten con otros. Además de las ocasiones especiales, suelen realizarse en lo que se conoce como el “tercer lugar”: una taberna en Dublín, un bar local en Milwaukee o en la ciudad de Nueva York, un restaurante en la ruta a Minnesota, el bistro de París, el kaffeehaus de Viena, el piazza de Italia, la cafetería de Estambul y el Biergarten de Múnich. En estos lugares, se han inventado y perfeccionado muchos de los brindis del mundo. Los terceros lugares son una especie de nivelador social donde todos se consideran iguales. Originalmente, la palabra club significaba partir o separar. Por ello, los clubes de campo y los palcos separan a las personas en lugar de unirlas, mientras que los terceros lugares hacen que se reúnan.


Hace cuarenta años, una encuesta británica reveló que el 90 % de las personas que acudía periódicamente a una taberna no caminaban más de 270 metros para llegar a una. Había cuatro tabernas en 1500 metros cuadrados. En Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda, el lugar de brindis se convirtió en el establecimiento público o “pub”. Aunque eran más populares en el siglo pasado que hoy, aún son lugares donde se puede ir y encontrarse con amigos en un tercer lugar ideal. Estos son todos lugares alegres. Fue Shakespeare quien escribió: “Beber con buen humor ahuyenta la mezquindad”. Como escribió un comentarista social: “Los terceros lugares deben estar preparados para satisfacer las necesidades de sociabilidad y relajación de las personas antes y después de asistir obligatoriamente a otros sitios (el hogar, el trabajo, la escuela) y mientras lo hacen. Los terceros lugares son Gemütlich. El alemán de Austria es el único idioma con una palabra tan efectiva para comunicar la comodidad y la cordialidad exclusiva de ciertos lugares. Existen vestigios de esto en Estados Unidos: pudimos verlos en la serie televisiva “Cheers”. El lema de la serie era “donde todos saben tu nombre”.

Brindis del pueblo
Así como alguna vez brindar aseguraba que a uno no lo iban a envenenar, en el siglo XVIII, le ayudaba a la gente a saber cómo se llamaban otras personas. Una forma de invitación antigua para brindar era “let us hob and nob” (socialicemos) o algo parecido. De esta manera, “hobnobbing” comenzó a significar salir y chocar los vasos. Este contacto entre vasos también sustituía la época en la que todos tomaban del mismo vaso mientras lo iban pasando. Los rusos rompen sus vasos luego de un brindis. Un poeta ruso dice que esto se hace por alegría y para honrar aún más el brindis. Además, romper el vaso asegura que no se hará un brindis menos digno con ese vaso. El contenedor más macabro que se usó para brindar fue un cráneo humano. Los vikingos comenzaron con la práctica de beber de los cráneos de sus enemigos vencidos, que se convertían en recipientes. No es coincidencia que las palabras escandinavas “skoal” y “skull”, que hacen referencia a algo vacío, estén relacionadas.

Dado que solo había espacio para 35 brindis, muchos se omitieron. Uno de los favoritos es “pula” de Botsuana. Botsuana es un país semiárido, y lo que todos más desean es pula o lluvia. Sin dudas, Botsuana está naturalmente obsesionado con la “pula”, ya que es también el nombre de su moneda. Mientras que los brindis no cambian en lugares como Botsuana, sí lo hacen en lugares como Cuba. En La Bodeguita, el pequeño bar que Ernest Hemingway hizo famoso, los brindis se escriben en las paredes. Antes de la revolución de 1959, frases como Cheers! y ¡Salud! cubrían la parte inferior de las paredes. Después de que los comunistas llegaron al poder, comenzaron a verse frases como ¡Viva la revolución del pueblo! Ahora, con el desarrollo de la industria del turismo en Cuba, volvemos a ver Cheers! y ¡Salud!

Hubo muchos brindis estadounidenses durante la Revolución, algunos reservados para el 4 de julio, una costumbre que debería volver a adoptarse. Imagínense una comida al aire libre con hamburguesas, ensalada de papas y maíz a la parrilla, y un brindis “¡por lo que representa este país!”

Los primeros estadounidenses tenían muchas oportunidades de elogiar o condenar con un trago en la mano. El famoso Green Dragon Inn en Boston fue donde Sam Adams, Paul Revere y John Hancock brindaron por opiniones populares en 1776, como esta: “Que quienes reciben estipendios o pensiones jamás lleguen al Senado estadounidense”. En el siglo XVIII, los que recibían estipendios o pensiones eran burócratas, cabilderos y todos aquellos que buscaban obtener una ganancia privada con las arcas públicas. Otro brindis favorito era “Libertad de vivir sin criminales y sin reyes”.

Benjamin Franklin sentó cátedra ante los diplomáticos europeos sobre las habilidades de brindar de los estadounidenses. Hubo una conversación famosa entre Franklin, el embajador británico en Francia y un ministro francés: una noche, el embajador británico en Versalles comenzó brindando por su rey: “Por Jorge III, quien, como el sol en su meridiano, extiende su brillo a todos los rincones e ilumina el mundo”. El ministro francés, para no ser menos, brindó por el rey francés: “Por el ilustre Luis XVI, quien, como la luna, derrama sus suaves y benevolentes rayos e influye en todo el mundo”. Sin vacilar, Franklin levantó su copa y brindó “por George Washington, comandante de los ejércitos estadounidenses, quien, como Josué en el Viejo Testamento, ordenó al sol y a la luna que se quedaran quietos, y ambos obedecieron”.

Los rituales se volvieron aún más elaborados. En la Inglaterra del siglo XVIII, el brindis real se hacía después del postre. Se retiraban los elementos de la mesa, a excepción de los adornos y las copas de oporto. Se traía un decantador de vino oporto y el mayordomo principal servía una pequeña muestra al anfitrión para que lo probara y se asegurara de que tenía buen sabor. Si era aceptable, el sirviente a cargo del vino le entregaba el decantador al anfitrión, quien llenaba su copa con tres cuartos de vino y le entregaba el decantador a la persona a su izquierda, asegurándose de que el decantador no tocara la mesa. Y así sucesivamente. No obstante, con el tiempo, los brindis se salieron de control. “¿Qué podría ser más burdo o ridículo”, escribió John Tresler en 1791, “que interrumpir a las personas durante una comida con elogios innecesarios?”. Aún así, en muchas culturas, brindar se convirtió en un gesto cordial.

La búsqueda en Internet de brindis y sus países de origen da como resultado lo siguiente: brindis irlandeses: 1870 entradas; escoceses: 62; italianos: 52; rusos: 26; alemanes: 19; ingleses: 14; estadounidenses: 10; suecos: 8; españoles: 7; galeses y chinos: 3; franceses: 2 y húngaros: 1. No aparecieron resultados para Japón.

El brindis y sus tradiciones se han vuelto parte de nuestro vocabulario. Con frecuencia, decimos que tal o cual persona es “the toast of the town” (en inglés, significa “el brindis del pueblo”). En la Inglaterra del siglo XVIII, era habitual brindar por aquellos que no habían asistido a una reunión. A menudo, los brindis se centraban en celebridades, especialmente mujeres hermosas. Estas bellezas se convirtieron en los brindis del pueblo. Un popular programa de entretenimiento televisivo, “Toast of the Town” de Ed Sullivan, mantuvo viva la frase en Estados Unidos durante las décadas de 1950 y 1960.

Uno de los preferidos es un antiguo brindis irlandés:

May you live as long as you want and never want as long as you live.
May your glass be ever full,
May the roof over your head always be strong,
And may you be in heaven half an hour before the devil knows you’re dead.¹

Uno de los favoritos en español:

Amor, Pesetas y Tiempo para gozarlos

Cada país tiene sus propios brindis y sus propias bebidas. Ambos representan al país y son, en cierto sentido, sus embajadores. Si viaja por negocios o por placer, la gente festejará y lo reconocerá si conoce el brindis local y sabe algo sobre la bebida nacional. Para los habitantes de las tierras altas de Escocia, por ejemplo, el whisky representa los valores tradicionales de igualdad, generosidad y virilidad, y negarse a beber un trago puede ser visto como un rechazo a esos valores. En China, todas las personas sentadas a la mesa hacen un brindis por separado. No obstante, en varias ocasiones, el anfitrión le pide antes al mesero que llene las copas de los otros con agua. De esa forma, mientras tú estás borracho debajo de la mesa, ellos aún están de pie.

Cada bebida puede transmitir un significado. En Austria, por ejemplo, el Sekt (la champaña) se bebe en ocasiones formales, mientras que el Schnapps (un licor fuerte) se guarda para reuniones sociales más íntimas. La elección de la bebida influye de tal modo en el comportamiento, que una botella de Schnapps puede ocasionar que se pase del formal “Sie” (usted) en alemán al íntimo “du” (tú). Si su jefe le quiere contar algo íntimo, es más probable que le diga “Vamos a tomar una cerveza después del trabajo” en lugar de “¿Me acompañaría a beber un cóctel?”

Los rituales de brindis modernos están muy arraigados y son muy formales en países germánicos, escandinavos y de Europa del este. En estos países, nadie debe probar el vino u otro tipo de bebida alcohólica hasta que el anfitrión haya hecho un brindis. Ahora veamos los brindis y las bebidas de los 35 países que seleccionamos para ayudarle a alcanzar el éxito en sus proyectos internacionales.

¹ Que vivas lo que desees y nunca desees toda tu vida.
Que tu copa esté siempre llena,
que tu techo esté siempre firme,
y que estés en el cielo media hora antes de que el diablo sepa que estás muerto.

 


John Freivalds es el Managing Director de JFA, una empresa de comunicaciones internacionales ubicada en Lexington (Virginia) en EE. UU. Cuenta con veinte años de experiencia en la industria lingüística. La Tabla periódica de los brindis se puede comprar en www.jfamarketing.com.